18 abril, 2017

Transnevada. Etapa 8



En Villoslada Cycling Team es tiempo de renovación, y no sólo hablamos de las equipaciones. Cada vez somos más felices con mapa en vez de dorsal, con cerveza fría en vez de medalla de finisher al final de la ruta. Y con esas nos citamos para el día 8 de abril, para empezar a las 8 una de las etapas más conocidas de la Transnevada: la 8, claro, y a la inversa: Güéjar Sierra-Dílar.


El que firma salía a las 8 de la mañana con perneras y manga larga desde Otura, donde teníamos previsto terminar a una hora indeterminada del mediodía con unas cervezas en mi casa. Por una vez, los horarios y las reservas de agua acompañaron, y todo fue saliendo de acuerdo a lo previsto. Los primeros rayos de sol por la base aérea de Armilla vaticinaban una gran jornada de pedales. Un minuto después de las 8.30h recogía a Migue y a Jesús en la Carretera de la Sierra y, con más fresco del que apuntan las fechas primaverales, cruzamos Cenes de la Vega hacia Pinos Genil.
Tras desviarnos de la carretera antigua de la Sierra, fuimos conscientes de que el ritmo alegre que llevábamos nos permitiría encarar los grandes desafíos de la jornada con cierto margen. A las 9.40h rellenábamos botes en el pilar de la entrada a Güéjar Sierra mientras el pueblo se volvía un lugar concurrido donde Migue no podía orinar en paz. 


Primeras fotos en el inicio oficial de la etapa, justo en el desvío hacia el Cortijo Balderas, y allá que nos dejamos caer hasta Maitena con una temperatura aún fresca pero cada vez más agradable.
Ya en la Carretera del Hotel del Duque, la pendiente y los cálidos rayos del sol nos permiten lucir la manga corta. La conversación y las vistas nos hacen llevadera la ascensión. La nieve empieza a despedir las cumbres de nuestra querida Sierra mientras nuestros recuerdos se verbalizan y nos trasladan veinte años atrás. Hay tiempo para comer un poco y hacer alguna foto, y casi sin darnos cuenta las rampas se han suavizado para llegar al Dornajo un par de minutos después de las 11h. Allí ya esperan montando sus bicis Nacho y Armando, a los que ha subido mi padre en coche. Otra foto, otro bocado y al lío.


Descendemos un poco por la Carretera de la Sierra para coger el carril de los Jerónimos, donde empezamos a disfrutar de lo lindo entre pinos que respiran primavera recién hecha. Abandonamos el carril hacia la derecha para descender hasta el río, donde nos desviamos ligeramente del trazado original. 


Nos vemos obligados a rodear la cerca de un cortijo para retomar la pista y, apenas iniciamos la ascensión desde Diéchar, se produce el primer contratiempo: Jesús ha pinchado. A las órdenes del profe Migue, el equipo se pone manos a la obra y, tras desmontar la rueda, comprobamos que ha perdido aire pero no hay pinchazo. Volvemos a montar y comienza la ascensión más peliaguda del día. No obstante, vamos felices y disfrutando. Cogemos una rueda, soltamos otra conversación y vamos sorteando las piedras de las temidas zetas. Recordamos con cariño cómo solíamos llamar esta ruta “la ruta de los tres kilos” porque era el peso que casi siempre perdíamos cuando la hacíamos con nuestras viejas máquinas de hierro a mediados de los noventa. Las cuestas van llegando a su fin cuando Migue me espeta “lo jartico que está de disfrutar”, y es que el día nos regala una panorámica de Sierra Nevada coloreada con una luz irrepetible y desbordante. 


Tras fotos y breve parada en el Collado Ruquino, nos dejamos caer hasta la Cortijuela, donde llegamos segundos después de un grupo de vacas que, por supuesto, tiene preferencia para beber en el pilar.


Somos conscientes de haber terminado la parte más dura de la ruta, aunque aún queda un buen rato de descenso polvoriento con el Trevenque como silencioso testigo. Al llegar a Cumbres Verdes, nos desviamos por la pista de tierra hacia el Cortijo de Gil López, tomando la estrecha vereda que nos baja hacia la zona recreativa de Gójar. En una curva sin aparente dificultad, una rama me hace desviarme ligeramente de la trayectoria y me veo al momento en el suelo. Todo está bien y seguimos el descenso por el Cortijo de Macairena hasta el Río Dílar. Por la acequia, llegamos hasta el cartel que indica el inicio (en nuestro caso, el final) de la etapa 8 de la Transnevada en Dílar. 


Solo nos queda dejarnos caer hasta Otura para llegar a mi casa sobre las 14.15h.
Armando consigue un trofeo (ya es un Villoslada más, qué duda cabe) y todos recibimos la prometida cerveza fría con tapa. 

Echamos de menos a los murcianos y a Pablo (costalero en el día previo), pero pronto habrá otra fecha para resarcirnos…


Miembros en la ruta: Armando, Enrique, Jesús, Migue y Nacho.
Total distancia: 78kms
Desnivel +1830mts


Tiempo total 6h 15min (incluyendo paradas) 
(En Wikiloc aparece más tiempo por error al parar la app)

16 noviembre, 2014

Villoslada Cycling Team is born

En los Lavaderos. Mayo 2014


No se puede decir que la historia de este grupo sea reciente. Lo único nuevo ha sido el propósito de oficializarlo.
El Villoslada Cycling Team surge de un grupo de personas que desde hace muchísimos años compartimos afición, ilusión, sufrimiento y, sobre todo, amor por la montaña. De hecho, no sólo practicamos ciclismo, pero ésta ha sido la disciplina que nos ha llevado a dar el paso de formalizar el grupo.
No todos los integrantes del grupo comparten el apellido "Villoslada", pero gran parte sí. Además, como las experiencias relacionadas con el deporte (especialmente con la montaña) unen tanto, nos gusta decir que hemos ido sumando "primos" al grupo, a los que les gusta sufrir tanto como a nosotros.
No prometemos ganar carreras, ni aparecer en los periódicos, pero sí seguiremos haciendo lo que hasta ahora: cumplir propósitos, promesas, alcanzar metas, participar en eventos y, sobre todo, disfrutar mucho con lo que hacemos y compartirlo con todos vosotros.